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CHONTES, CHILTOTAS, GUACALCHIAS  -parte l

Según diversas fuentes, se ubica a El Salvador como uno de los países más deforestados de América Latina, conservándose únicamente el seis por ciento de los bosques originales. Sin embargo en esa superficie boscosa existe todavía esa multicolor presencia de aves, todavía grande, bulliciosa, espectacular. El Salvador, así como Honduras, Guatemala y la península de Yucatán concentran una enorme biodiversidad, es decir múltiples formas de existencia animal y vegetal.

Pero lo que a nosotros, hoy nos interesa es hablar de varios animalitos peculiares por su canto y colorido como son el Chonte, la chiltota y la guacalchía. Pero lo vamos a hacer apoyándonos en las voces preclaras de nuestra literatura. Porque así sentimos, oímos, disfrutamos la descripción de quienes mejor la sienten y la trasladan.

Por ejemplo al hablar de nuestros bosques tropicales Salvador Salazar Arrué, Salarrué, nos lo dice de la siguiente manera:

"En medio del bosque, en su enmarañado ramaje, allí donde huele a hojarasca podrida y donde no se oye más rumor que el lejano balbucear de la colmena, la voz de la paloma morada, profunda y dolorosa, es como el corazón de Cuzcatlán que recuerda o espera. La paloma es un corazón ardiente hecho pájaro; es el corazón de la montaña, como el caracol es el corazón del mar. En ambos resuenan de modo sintético la voz del conjunto. Parada en una ramita entre las ramas, la paloma con el ojo nervioso, tornasol la pluma sedeña, voluptuosa la línea, arrulla el terruño. Los rayos del sol, respingando de hoja en hoja, de rama en rama, de tronco en tronco, descuelgan los gallardetes de la sombra y de la luz en el verdor del matorral. Por la pendiente de un enorme tronco, emboscada de musgos, líquenes y gomas, las hormigas mineras trabajan incesantemente, calladamente. Las mariposas de tonos brillantes y lujuriosos, planean en aquel paraíso de aromas de aromas y colores y en lo profundo de la barranca, allá donde la culebra es como la raíz del mutismo, el ojo de agua ha echado una flor de cielo, cristalina y azul. ¡Cuzcatlán alienta así! Su alma gime en el torogós; en el guauce que canta siempre a la hora floja en que se desamarran las sombras como cortinas; en la chacha que dice: "Calzó colorao, calzón colorao, calzón colorao"; en la guacalchía mecánica de cuerda que se desenrolla a cada salto; en el "¡Tres pesos te pido, pido, pido!"; en el clarinero de diamante negro que estalla como un fuego de bengala en clarinadas luminosas; en el pocuyo escurridizo, que se pinta en la oscurana del sendero, asustando al caminando, cantando "¡Caballero, caballero!"; y en el pijuyo abandonado, el pobrecito que se está junto al buey, al cual espulga franciscanamente mientras va sembrando su semillita de canto en los soleados potreros."



CHONTES, CHILTOTAS, GUACALCHIAS  -parte ll

© Heriberto Montano 2001

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© Noel Sánchez Molina 2001