Cazadores de Luna

16 de Julio, 2000

 

El viento fresco de la tarde acaricia nuestras caras

Con mano fina y dedos de terciopelo y seda.

Mientras contentos, caminamos hacia el lago,

Unas pocas nubes oscuras, alborotadas

en el lienzo del cielo hacen estrago,

Manchando de negro su faz azulada.

 

El sol, cansado, se arrastra hacia el horizonte

Escondiéndose, por el momento, detrás del monte.

Los árboles, así iluminados, se mecen suavemente.

Coqueteando, los unos con los otros, alegremente.

 

El sol parece decir: "El día de hoy

Aunque viejo y cansado estoy,

Un gran espectáculo les doy,

Sin alegrarlos, no me voy."

 

El cielo nos cuenta con fervor:

"El gran Artista, mi Señor,

de todo lo bueno, es Creador.

Soy el lienzo del Santo Pintor,

este trabajo lo hago con amor,

y a sus vidas toco con color."

 

Su cara refleja la maravilla,

Su sonrisa, una gran alegría,

Al admirar la obra de arte

Que usa el Señor como estandarte.

 

Todavía más, baja el sol

El cielo brilla como un crisol.

Resplandece, como Cristo resuscitado

Y refleja su esplendor, maravillado.

Las nubes, celosas y enojadas,

Cambian de color, moradas.

 

El agua del lago refleja,

Como tímida candileja,

El espectáculo especial

Del Artista celestial.

 

Por fin el sol desciende,

Debajo del horizonte se esconde.

Tristes, las nubes y el cielo,

Suspiran con desconsuelo.

 

Miro a sus celestes ojos:

"Morirán de la luz, los despojos,

dulce amor y vida mía,

para que nazca un nuevo día.

Así el dolor tiene que morir,

Para que un nuevo amor pueda vivir."

 

De su sueño , la noche despierta,

Irritada, con sombras tormenta,

A los que buscan la luna,esperanzados,

De ser eternamente, enamorados.

 

Tomo su mano en la mía, gentil,

Una sonrisa, en mi cara asoma, sutil.

Miramos hacia el este, esperanza futil,

La luna esconde su orgullo inútil.

 

 

En su oído susurro,

"La luna no tiene apuro,

no quiere salir,

pues tiene certeza,

que no puede competir,

con tu belleza."

 

Tímida, la luna se asoma,

Su luz, debil reflejo,

Del astro rey, espejo.

Ella, mis manos toma.

 

La luna en el lago, riela, *

Alegre, mi corazón vuela,

Nuestras almas unimos en un beso

Apasionado, dulce y travieso.

 

Que más puedo decir?

Por un instante, mi corazón

Esperanzado, dejó de latir,

Soltando a mi emoción.

 

Incrédulos, nos separamos,

De las manos, nos tomamos,

Contentos, regresamos

A dónde empezamos.

 

La luna sigue su camino

Y nosotros, nuestro destino.

El momento mágico nunca olvidaré,

En que de ella me enamoré.

 

 

Pedro Marenco

©Sacramento, CA

22 de Julio, 2000.

 

*Perdón, Pepe Espronceda.